Cuando con un método u otro se llega a los mismos resultados, la obviedad es simple, se está capturando el mismo fenómeno. En el caso de las pruebas de selección a las universidades éste es una brecha persistente entre la educación privada (total o parcialmente), y la pública, una correlación positiva entre ingresos de las familias y los resultados de sus hijos y, en definitiva, una cada vez más deteriorada educación primaria y secundaria en nuestro país.
Llegaron los resultados de la PSU, y con ellos, las infaltables críticas a este instrumento de medición ¿Nuevo? Ciertamente no. No sólo no es nueva la crítica, sino que tampoco es nueva esta tendencia visceral de criticar algo sin dar una solución factible, es decir, que se haga cargo de la realidad (otro ejemplo de esta actitud: “No más AFP”).
Cuando con un método u otro se llega a los mismos resultados, la obviedad es simple, se está capturando el mismo fenómeno. En el caso de las pruebas de selección a las universidades éste es una brecha persistente entre la educación privada (total o parcialmente), y la pública, una correlación positiva entre ingresos de las familias y los resultados de sus hijos y, en definitiva, una cada vez más deteriorada educación primaria y secundaria en nuestro país. Cómo broche de oro a lo anterior, cabe notar que los mejores establecimientos educacionales de nuestro país son “cola de león” cuando los comparamos, quizás injustamente, con los estándares OCDE.
Las consecuencias de lo anterior son múltiples, pero en definitiva todas ellas tienen un impacto relevante en la productividad del país y en las características estructurales de nuestro mercado laboral (y por supuesto, en nuestras personas). A modo de ejemplo, las altas duraciones que presentas nuestras carreras y, por ende, una tardía inserción en el mercado laboral (y consecuentemente menos tiempo de cotizaciones), son la respuesta que han tenido que dar muchas de nuestras universidades ante el bajo nivel con que entran los alumnos de primer año. Dicho de otra forma, mucho del tiempo de una carrera universitaria se emplea en “nivelar” a los alumnos (con conocimientos que por cierto debiesen haber adquirido en el colegio). Una constatación de esto son los incentivos perversos que genera no preguntar un tema relevante en la PSU de matemáticas, en específico trigonometría. El mensaje es claro: no se enseña lo que no se pregunta y, de li que se pregunta, no necesariamente está bien aprendido (quizás por el método de la medición). Este es el caso de comprensión lectora y capacidades de redacción.
Perder tanto tiempo en discusiones bizantinas sobre el método parece por tanto absurdo, tan absurdo quizás como destinar primero una enorme cantidad de recursos al acceso a la educación superior, sin antes haber “nivelado la cancha” a la salida de cuarto medio, esto como consecuencia de un aumento en la calidad de la educación pre escolar y básica.
Javier Scavia Dal Pozzo
Académico Departamento de Industrias
Universidad Técnica Federico Santa María
Fuente: Diario Estrategia