El fenómeno migratorio ha sido un elemento relevante en el último Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central y, quizá poco discutido. En cifras, entre diciembre de 2014 y diciembre de 2018, según cifras oficiales, la población inmigrante aumentó desde 490.000 a más de 1.200.000 personas, lo que implicó un aumento del 4,3 % de la población de Chile y de un 6,4 % de la fuerza de trabajo. Mayoritariamente los inmigrantes provienen de Venezuela y de Haití. Los hechos presentados en el informe son tres.
Primero. El fenómeno migratorio llegó para quedarse (es poco probable que se revierta en el corto plazo), esto dado el alto costo que implica migrar a un país tan lejano como el nuestro. Distinto sería el caso de un migrante de un país vecino, en que el costo de revertir la decisión es más bajo.
Segundo. “La inmigración reciente se caracteriza por ser en promedio una población más calificada, más joven y con una mayor participación laboral que la población chilena”.
Tercero. Chile presenta menos impedimentos legales para insertarse en el mercado laboral y, la mayoría de la población migrante comparte el idioma y otros elementos culturales con nuestro país.
Lo anterior llevó al instituto emisor a recalcular el PIB de tendencia (que se relaciona con la capacidad de crecimiento de la economía en el mediano plazo) para capturar este efecto y, en suma, a una estimación al alza (entre 3,25 y 3,75 mientras que la estimación previa era entre un 3,0 y 3,5), previo ajuste que deba hacerse en el mercado del trabajo para absorber a estos nuevos trabajadores. Esta alza se explica por una mayor fuerza laboral y ajustes en la productividad.
¿Dónde está un potencial peligro? ¿Podría ser que, si bien el PIB aumente, el PIB per cápita (por habitante) disminuya?, producto de que el efecto del aumento de la fuerza laboral sea menor a los aumentos en la productividad? Usando la analogía de la “torta”, si tenemos más trabajadores y somos más eficientes, y agrandamos la torta, ¿podría ser que como el número de invitados sea mayor, a cada uno le toque un trozo de torta más pequeño? Al menos la respuesta en el largo plazo es no: el aumento PIB per cápita sólo depende de la productividad. Sin embargo, en el corto o en mediano plazo los efectos son ambiguos.
Finalmente, una reflexión que nos queda hacer como sociedad es examinar nuestra tolerancia, generosidad y prejuicios. El último IPoM no sólo aporta hechos y políticas de tasas, también nos brinda una oportunidad única de mirarnos cómo somos y qué queremos llegar a ser.
Dr. Javier Scavia Dal Pozzo
Académico Departamento de Industrias
Universidad Técnica Federico Santa María
Fuente: Diario La Tercera.
Viernes 14 de Junio de 2019.