Tras casi dos décadas de megasequía, hoy el cobre y la minería deben enfrentar otra amenaza climática que viene del lado contrario: demasiada agua concentrada en pocos días.
Las últimas lluvias en la zona centro-norte ponen a prueba a la industria. Es que no solo se trata de asegurar el recurso hídrico, sino de evitar que las precipitaciones extremas generen cortes de caminos, de líneas eléctricas o el cierre del puerto que mantiene en marcha una faena.
Entre los antecedentes que maneja Sernageomin, organismo técnico estatal encargado de evaluar la seguridad de las faenas y los peligros geológicos y mineros, figuran los daños a las líneas de transmisión por los temporales cordilleranos, con viento blanco y ráfagas sobre los 100 km/h, que provocaron caídas de tendidos eléctricos. Ello forzó la paralización preventiva de operaciones de gran escala por la falta de energía, como ocurrió en Minera Caserones, de propiedad de Lundin Mining y JX Advanced Metals Corporation.
También se sintieron los daños a la conectividad y vías de acceso cordilleranas, registrando cortes por colapsos de badenes en quebradas, socavamientos y rodados masivos, como ocurrió en la cuesta Pajonales, en Atacama. O problemas en la ruta en Punitaqui, además de efectos severos en la infraestructura ferroviaria de transporte de mineral, como los seis kilómetros de vía afectados en la línea de la Compañía Minera del Pacífico hacia una planta de péllets, según el balance del organismo.
El impacto en cifras
Un estudio de la empresa estadounidense S&P Global Market Intelligence estima que, en un escenario más severo de El Niño, el PIB de Chile se ubicaría 0,1 puntos porcentuales por debajo de la proyección base este año y hasta 0,8 puntos por debajo en 2027.
El informe detalla que uno de los principales riesgos se concentraría en la minería del cobre, debido a las posibles lluvias intensas en Los Andes. En particular, el fenómeno podría dificultar el acceso a faenas a cielo abierto, afectar infraestructura y generar interrupciones en las rutas utilizadas para movilizar insumos y producción, elevando los riesgos para la continuidad operacional y la logística minera.
Un estudio del Banco Central titulado “El fenómeno de El Niño y sus posibles impactos en Chile”, publicado en junio de este año, aporta contexto sobre dónde afectarían especialmente las lluvias. Según su análisis de largo plazo, un “Súper El Niño” concentraría su efecto hídrico en el norte minero. En esos episodios, las lluvias entre Arica y Atacama aumentaron 237%.
MSc. Rodolfo Salazar Albornoz, Docente del Departamento de Industrias de la Universidad Técnica Federico Santa María, recuerda que, al 10 de septiembre, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) estimaba más de 90% de probabilidad de un evento de intensidad muy fuerte durante 2026-2027, aunque la potencia global no determina mecánicamente los impactos locales.
Salazar, eso sí, llama a mirar con cautela las cifras del estudio de S&P. Se trata -dice- de un ejercicio macroeconómico de estrés y no de una proyección de toneladas perdidas. El docente puntualiza que la clave está en distinguir entre exposición y perjuicio efectivo: “Que una operación minera, un camino o un puerto estén expuestos a lluvias extremas no significa que vayan a detenerse”.
Y destaca que tampoco existe una estimación pública robusta del porcentaje de la producción de cobre en riesgo “alto” o “crítico” exclusivamente por El Niño.
El texto del Banco Central matiza otro punto. En sus ejercicios econométricos, la respuesta negativa del PIB se explica principalmente por el componente no minero, con efectos destacados en industria y pesca.
De la mina a la urgencia
Desde la perspectiva de la seguridad, Sernageomin precisa que, si bien no le corresponde cuantificar montos por los efectos del fenómeno climático en el sector minero, el alza térmica genera transformaciones directas en la dinámica física de alta cordillera. Según señala su Director Nacional, Mauricio Lorca, eso incide de forma crítica en las cuencas hidrográficas donde se emplazan o de las cuales dependen las faenas mineras.
Esto provoca una sobrecarga en obras hidráulicas mineras, “lo que para la industria implica que las obras de contención y desvío de aguas lluvia como canales perimetrales de tranques de relaves, botadores y rajos, enfrentan volúmenes y velocidades de flujo superiores a los promedios de diseño histórico”, sostiene.
De hecho, entre los principales puntos críticos afectados por los temporales en la zona norte -particularmente en Atacama y Coquimbo-, Sernageomin considera los desplazamientos que sufrieron la pequeña y mediana minería en quebradas. En particular, menciona “el evento registrado en Planta Boquerón Chañar (comuna de Vallenar), donde el barro ingresó a las instalaciones forzando rescates aéreos de emergencia”.
Lorca advierte asimismo el estrés en sistemas de drenaje de relaves, donde las lluvias concentradas sobrecargan los canales perimetrales y piscinas de emergencia de depósitos. Y cita como ejemplo la piscina TK-12, colectora de drenajes y filtraciones del tranque de relaves El Mauro, operado por Minera Los Pelambres, de Antofagasta Minerals, en la comuna de Los Vilos, Región de Coquimbo.
Lo anterior – precisa el Director Nacional de Sernageomin- obliga a las faenas a activar planes de emergencia para derivar los excesos de aguas lluvia y resguardar la revancha hidráulica de los muros principales.
Por lo tanto, alerta que se requiere “una transición urgente hacia modelos hidrológicos dinámicos que incorporen los nuevos escenarios del cambio climático”.
Al respecto, el Presidente Ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, indica que al momento de diseñar la infraestructura, en la industria se consideran las condiciones del territorio y se evalúan escenarios de eventos de gran magnitud, para definir las exigencias que deben cumplir las instalaciones.
“La preparación frente a eventos extremos ya forma parte importante de las decisiones de ingeniería y de los planes de seguridad de los proyectos”, subraya.
No obstante, reconoce que el cambio climático obligó a incorporar nueva información y evaluar si los escenarios siguen siendo suficientes. “Corresponde revisar y actualizar los criterios cuando sea necesario, tanto para los nuevos proyectos como para las operaciones existentes”, refrenda Villarino.
Más agua no es igual a más disponibilidad
El docente Rodolfo Salazar enfatiza que tampoco es simple comparar “más agua” con “más daño”. En 2024, el 40,7% del consumo hídrico de la minería del cobre provenía del agua de mar, y Cochilco proyecta que llegará a un 67,7% en 2034.
“La lluvia sigue siendo valiosa, pero la industria ya no depende de ella como antes, y esa adaptación tiene costos energéticos y de infraestructura”, manifiesta Salazar, aunque aclara que el agua útil no es igual a la que cae en pocos días, que “puede generar escorrentía y aluviones antes de transformarse en disponibilidad”. Y añade que una mayor oferta hídrica reduce el costo de un insumo y que “la destrucción de un puente, una línea eléctrica o un puerto puede eliminar capacidad productiva”.
El estudio del Banco Central observa, además, que la infraestructura hidroeléctrica, ubicada sobre todo en el centro-sur del país, enfrenta variaciones más moderadas, por lo que más lluvia no se traduce de forma proporcional en más energía disponible.
Diario El Mercurio. Minería & Comunidad, miércoles 21 de octubre de 2026.
