Si bien a un gobierno no se le puede pedir neutralidad ideológica, sí se le puede exigir que sus decisiones sean técnicamente responsables y sustentables, no sólo para su período.
«La verdad es útil a quien la escucha, pero desventajosa a quien la dice, porque lo hace odioso». Esta célebre frase de Blaise Pascal (matemático, físico y filósofo del siglo XVII) quizá sea una buena manera de entender los problemas que está por tener el actual gobierno con respecto a las proyecciones de crecimiento basadas en el precio del cobre.
Efectivamente, dos comités de expertos consultados por el gobierno, uno para pronosticar el precio del cobre en los próximos 6 a 7 meses (US$ 2,98 según éstos) y otro para predecir el crecimiento económico tendencial, no pudieron ser más optimistas en sus recomendaciones. Sin embargo, la responsabilidad final es de quien los escucha, sobre todo si se hubiesen contrastado estos vaticinios con los de expertos y fuentes independientes, más aún cuando en el momento de usar estos supuestos, con que se elaboró el presupuesto de este año (el año pasado), varias voces de alerta se hicieron públicas. ¿Por qué importa tanto esto? Importa pues por cada centavo de dólar que el precio del cobre baje, el fisco deja de percibir entre US$50 millones y US$60 millones. Consecuentemente también es crucial para la elaboración del presupuesto de la nación, el cumplimiento de las metas proyectadas de déficit y, políticamente hablando, el cumplir con las promesas que involucran gasto público en ciertas áreas (gratuidad en la educación, por ejemplo), de una forma responsable en el tiempo y que no involucre una pérdida de bienestar en las generaciones futuras.
Pareciera que una vez más las buenas intenciones detrás del “realismo sin renuncia” han sido superadas por el paradigma de lo ideológico antes que lo técnico y si bien a un gobierno no se le puede pedir neutralidad ideológica, si se le puede exigir que sus decisiones sean técnicamente responsables y sustentables, no sólo para su período, sino también para el futuro.
Javier Scavia Dal Pozzo
Académico Depto. de Industrias
Universidad Santa María