Difícil comienzo tuvo el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur). Sin ideología y sin burocracia, afirmó el Presidente Piñera, sería este foro, cosa muy complicada partiendo por lo práctico de los segundo, instancias como esta requieren (un mínimo) de burocracia para su funcionamiento.
Lo primero es más profundo y tiene que ver con que en última instancia la promoción de la economía de mercado es en sí una ideología, por cierto, una que ha resultado ser más eficiente que los modelos de centroizquierda, pero eso no quita su naturaleza intrínsecamente ligada a un conjunto de ideas asociadas a un modelo de funcionamiento de un país. Y si bien esto no es un objetivo abiertamente declarado de este Foro, resume por todos lados dada la composición de los gobiernos que suscribieron el acuerdo. La ley pendular, por tanto, pareciera que se hizo más presente que nunca sobre América del Sur. De un acuerdo generado por gobiernos de centroizquierda, que nunca logró sus objetivos y que a estas alturas parece estar en sus estertores, ahora surge este acuerdo como uno entre países de centroderecha, quizá también como medio de aislar el régimen de Maduro, con sus paupérrimos resultados económicos y su escandaloso desempeño en lo que se refiere a derechos humanos. Además, el péndulo pareciera no sólo estar en la formación de este Foro, sino también en la población que votó a estos gobiernos firmantes, en gran medida como una reacción de castigo a gobiernos de izquierda, ya sea por sus malos desempeños económicos y/o por el destape de casos de corrupción.
¿Dónde está entonces el peligro? Algo tan vital para nuestra región como un acuerdo de integración para hacer mejor frente a bloques como China, no puede ser fruto de la cambiante ideología de los gobiernos de turno. Debiese ser un objetivo de Estado y no de un gobierno en particular fomentar este tipo de integraciones, por lo que este tipo de iniciativas no es más que un síntoma de la región: la inestabilidad. Este es un tremendo dilema que, creo, nuestros gobernantes y, por cierto, los que los votamos, no hemos reflexionado con profundidad ni altura de miras.
Como la estabilidad no es per se un privilegio de algún polo político, todo el conjunto de características que la fomentan es un apremio que debiesen tener nuestros políticos y un objetivo, por cierto, deseable por parte de aquellos que los elegimos. La inestabilidad requiere de acuerdos honestos y, hasta el momento, pareciera que sólo hemos tenido acuerdos.
Javier Scavia Dal Pozzo
Académico Departamento de Industrias
Universidad Técnica Federico Santa María
Fuente: Diario El Mercurio de Valparaíso. Viernes 05 de Abril de 2019.